La razón de este apego, explica, radica en la evolución del cerebro del can, no sólo en el aspecto anatómico, sino también a nivel neuroquímico, es decir, hormonas como la oxitocina, vasopresina y dopamina se liberan en el perro cada vez que ve a su dueño, generando un estado de apego y recompensa, similar al “enamoramiento”.